Amar la Crisis

Elemento superador en competencia

La crisis. Temible palabra para muchos. Símbolo casi perpetuo del país. Compañera inseparable del crecimiento de más de una generación de empresarios y habitantes argentinos. «Crisis» es una palabra que produce mucho miedo (o bien éste puede ser generado por el significado que nuestra cultura le otorga).

A nivel empresario esta palabra representa la caída en las ventas, disminución o pérdida de la utilidad, conflictos sociales y políticos, etcétera. No obstante, «la crisis» no implica sólo eso. La crisis no es otra cosa que la ruptura de un equilibrio dado. Es la ruptura de un «status quo» o situación establecida, es el momento de transición de algo conocido a otro desconocido y, por lo tanto, el sentimiento de inseguridad y desasosiego que produce.

Dicha ruptura produce gran temor, inseguridad y desasosiego dado que nos obliga a enfrentarnos a lo desconocido, a lo «no establecido». No nos olvidemos que desde chicos escuchamos frases como «mejor malo conocido que bueno por conocer» o bien «más vale pájaro en mano que cien volando». Culturalmente no estamos acostumbrados a aceptar el desafío, y si bien decimos que queremos algo mejor, nos cuesta mucho dejarnos seducir por la novedad, por lo «a descubrir».

Son propios de la crisis los riesgos y amenazas, el desconcierto y, en muchos casos, la virtual paralización de los que son partícipes de la misma. Pero en términos estratégicos, a los efectos de poder crecer, debemos alegrarnos de ser partícipes de una crisis; porque no sólo en ella existen aspectos eminentemente negativos sino que en directa compensación de los mismos se nos brinda «la oportunidad».

Es extremadamente difícil avanzar en un medio donde las fuerzas y elementos que lo componen se encuentran perfectamente consolidados y enclavados al igual que placas de una armadura. En el movimiento de dichas placas se encuentra la oportunidad para que una fuerza (empresa) emergente pueda hacerse de un lugar.

La crisis es amenaza, es dificultad y, por ende sólo aquellos que puedan superar dichos obstáculos obtendrán el éxito. La crisis permite la selección de los mejores y a ellos les pertenecerá la gloria de los mercados.

Es la dificultad más aguda la que exalta la figura del triunfador. Y éste no es otro que «AQUEL QUE HACE POSIBLE … LO IMPOSIBLE», al menos hasta ese momento. ¿O acaso no es el cruce del Océano Atlántico lo que hace admirable a Cristóbal Colón, la epopeya de los Andes a San Martín, la conquista de la luna a los astronautas que la pisaron, el hacer volar algo más pesado que el aire a los hermanos Wright, etcétera?

Esto sucede así en virtud de la existencia de un hecho de difícil resolución, de un filtro que aleje a los ineficientes, incapaces o meros bien intencionados. «Cuanto peor… mejor», me decía un amigo, el Dr. Máximo Cuesta; y luego de mucho estudiar y experimentar, lo entiendo.

Se debe amar y desear la crisis, la dificultad, el riesgo. En dicho lugar y momento se encuentra la oportunidad que se necesita para convertirse en líder o al menos para mejorar sustancialmente el posicionamiento.

Cuando en la playa una ola nos hace caer, en forma inmediata e instintiva reaccionamos y a cualquier costo intentamos restablecer la vertical. Nos es difícil pensar que la ostra conteniendo la perla se encuentra en la arena y con solo detener la desesperación y aprovechando la circunstancia podemos obtenerla y hacernos de un tesoro.

Sí, me es claro que también podemos llegar a ahogarnos. El riesgo existe, no obstante ¿cuáles son las alternativas a mi alcance? Una es asumir dicho riesgo actuando con profesionalidad y absoluta coherencia a fin de disminuirlo en pos de un posible premio. La otra es actuar con el mayor de los resguardos, quejarse de la crisis y sucumbir ante la mediocridad, con el agravante que significa la frustración del deseo de un progreso o posicionamiento nunca alcanzado.

La crisis es la bajante del agua en el río: muy malo para los pescadores pero excelente para aquellos pocos que lo ven como una oportunidad única para hacerse de los bienes que reposan en el lecho y que, en dicho caso, se encuentran al alcance de la mano.

Nos es muy difícil reconocer que gracias a la crisis se puede crecer. Gracias a ella se ejerce un proceso de selección que acepta sólo a los más aptos, haciendo que el resto quede sin posibilidad.

Es duro reconocer este proceso, común en los países desarrollados y de reciente aparición en nuestro país, pero debemos observar que es un sistema que se condice con la naturaleza en la selección del espécimen mejor capacitado lo que asegura la preservación de la especie.

El atemorizarnos nos garantiza la pérdida de tiempo y recursos en la competencia. Debemos respetar nuestro temor pero canalizar esa energía hacia la acción.

El camino del éxito resulta ligado al asumir riesgos. Nuestro país nos desafía con inusitado clamor… ¡aprovechémoslo!