El empresario y la teoría de la Pirámide Invertida

El individualismo y el exagerado orgullo son dos de los componentes más relevantes de cualquier argentino medio. Máxime si de empresarios se trata.

Este es un país con un alto grado de gente que ve en la carrera empresaria (considerando a la misma como a la titularidad de una empresa) la única alternativa viable de vida.

Quizás el espíritu aventurero que debió embriagar a nuestros antecesores al migrar a estas tierras todavía impregna la voluntad de muchos y los lleva a pensar que el constituirse en titular o máximo ejecutivo de una empresa es la meta a alcanzar para realizarse.

Para nada estoy en contra de aquel hombre soñador que se convierte en un entrepreneur y desarrolla con una gran dosis de sacrificio y creatividad el emprendimiento que motiva su existencia. Me es prácticamente imposible estar en contra de lo que admiro.

Este escrito no se centra en ese individuo, sino en una gran mayoría de personas que creen que se puede jugar a ser empresario con igual simpleza a como seguramente en su juventud jugaban al doctor.

Todo aquel que ha viajado, seguramente concuerda conmigo que en nuestro país existen posibilidades para el desarrollo empresario que en otros países no se encuentran tan fácilmente.

Esa característica permite el nacimiento de muchos emprendedores que como antes señalé con sólo su esfuerzo y una gran visión encausan su vida en pos de un sueño que muchas veces logran materializar.

Lamentablemente junto a los buenos cultivos también crecen yuyos y malezas. Es así que en estas tierras es común observar la proliferación de empresas que muchas veces no son más que tímidos intentos que dado la baja o nula profesionalidad de los que la constituyen se convierten en actos irresponsables que cobran su osadía a muchos inocentes participantes.

He aquí la cuestión. En reiteradas oportunidades, en los claustros universitarios y charlas, he sostenido; con suma vehemencia por cierto; la necesidad que tiene la sociedad que aquellos que asumen la dirección empresaria estén enrolados dentro de las simples y claras pautas de la Teoría de la Pirámide Invertida.

Pues bien, repasemos juntos la estructura organizacional de una empresa tipo y el concepto que de ella tiene una gran parte de la sociedad.

Si tuviéramos que graficar la estructura social vendrá a nuestra mente la consabida pirámide donde se sitúan claramente dos grupos sociales.

El conocimiento vulgar señala que:

La Alta Dirección se apoya sobre las clases más bajas, es decir, los Operarios y Asalariados en General. La gráfica así lo muestra.

El personal jerárquico tiene altos beneficios; mientras el personal obrero trabaja por un magro sueldo.

El personal jerárquico tiene un trabajo más relajado y cómodo; mientras que el personal obrero sufre el rigor de un reglamento o condiciones casi infrahumanas.

El personal jerárquico duerme tranquilo rodeado de bienestar, el personal obrero no.

En otras palabras, los ejecutivos de la Alta Dirección disponen de bienes prácticamente ilimitados gracias al sacrificio del personal (explotación diría algún político en busca de votos o representante obrero antes de las elecciones internas) que se encuentra en la base de la pirámide.

No obstante, cabe analizar otro aspecto del problema. En la gráfica también se observa que la base es muy superior en tamaño que la cima. Concretamente se quiere representar el hecho que un “jefe” o un grupo pequeño de personas dirige a todo el grupo humano que compone la organización.

Ahora bien, todos los integrantes son personas comunes que conviven en un mismo hábitat. Lejos están estos individuos en parecerse a una máquina, por tal, los problemas que alteran su labor resultan comunes a todos. Dicho ésto, seguramente, el lector recordará el índice de ausencias justificadas o no que tiene en su planta.

La inasistencia de un operario por causas tan justificadas como el nacimiento de un hijo o tan injustificadas como el simple quedarse dormido sobre la base de la tranquilidad que le brinda el haber cobrado la quincena o jornal en el día anterior son moneda corriente en cualquier PyME.

A su vez, cabe agregar a éste último párrafo, la calma que le produce al empleado el saber que si se enferma, su atención médica, así como su ingreso mensual no se verán afectados.

No quiero ser malo pero a fin de ser justo, corresponde indicar que también es grato para el personal el saber que si se es despedido se recibirá la correspondiente indemnización e incluso se tiene privilegios en el caso de la “quiebra” del ente contratante.

Bajo ningún aspecto estos puntos desean plantear una cuestión de injusticia, sino sólo se limitan a expresar la realidad.

La empresa, al tener conocimiento pleno de estas cargas y responsabilidades ha desarrollado diversos recaudos a fin de no sufrir; por efecto de la ausencia de un operario; un daño operativo insuperable que hagan peligrar su subsistencia.

Básicamente la empresa utiliza la misma técnica estructural que la usada en una clásica rueda de bicicleta –aquella de muchos rayos. Es decir, ha multiplicado los sistemas operativos a fin que, de fallar uno de ellos eso no implique el quiebre del sistema en su todo. Así es que al retirar un rayo de la rueda se podrá ver que la estructura mantiene un alto porcentaje de resistencia estructural y como consecuencia de ello continuará cumpliendo satisfactoriamente su función.

Ahora bien, qué sucede con el empresario o ejecutivo en jefe ante ésta situación laboral.

Por una cuestión de simple lógica, las funciones encargadas de la dirección se van ubicando en la cima de la pirámide. A mayor cargo y responsabilidad mayor es la distancia que dicho puesto tiene de la base así como es menor la cantidad de gente que lo acompaña en similar labor.

Este hecho hace que en la cima de la estructura veamos –al igual que en la cima de una montaña- un solo y solitario puesto; el del CEO, (Presidente o Gerente General).

Ese hombre se encuentra en; según el planteo vulgar; por arriba de todos y usufructuando el sacrificio de todos. Pero es realmente así?

Ese funcionario, aún estando es dicho puesto, no pierde su condición de ser humano, entonces; también sufre idénticos problemas que las otras personas de su organización.

También se le enferma un hijo, se encuentra él enfermo o bien tiene suficiente cansancio para justificar (en el ámbito psicológico) una simple ausencia.

Bueno, si hemos comentado que tal fenómeno es bastante normal en la base de la pirámide también se debería asumir la repetición de tal efecto en la cima. Lamentablemente no es así.

Es común el escuchar el drama del empresario o ejecutivo que cansado y agobiado por la problemática cotidiana decide hacer uso del mismo derecho que el personal de la base piramidal.

Ese día, al momento de ser despertado por su esposa muy suelto le dice “querida déjame dormir, hoy no voy a la oficina”.

Su esposa asombrada le reitera el llamado y obtiene la misma respuesta.

Mientras tanto el ejecutivo dormilón intenta conciliar el sueño pero extrañamente descubre que no le resulta fácil.

Al rato, un llamado telefónico de la secretaria. Señor, … lo llamaba porque estaba preocupada por su demora; le sucede algo?

No señorita, por qué me tiene que suceder algo, responde el ejecutivo, sólo es que hoy no voy a trabajar. Muy bien señor; responde tímidamente el auxiliar; entonces suspendo todas las reuniones y firmas? Efectivamente señorita.

Luego el ejecutivo continúa su lucha por conciliar ese sueño merecido, pero aún –sin saber por qué- no lo logra.

Como no puede dormir entonces intenta leer el diario y quizás compartir un mate con su señora. Pero para su sorpresa se encuentra nervioso y tampoco puede disfrutar ese mínimo momento de relax.

Vuelve a dar vueltas y más vueltas, se encuentra incómodo hasta que al final no tolera más la situación, se cambia y … se va para su oficina.

Qué es lo que pasó realmente?

Idéntica pregunta cabe cuando vemos que ante un problema de familia, por ejemplo, la enfermedad de un hijo, un ejecutivo aún recibiendo críticas lacerantes y soportar un fuerte cargo de conciencia, luego de resolver la crisis inmediata (llamando a los facultativos) se reintegra inmediatamente al trabajo.

Su proceder, objetable en un aspecto, no acontece sin una razón.

La respuesta tiene que ver con la Teoría de la Pirámide Invertida.

Lo que sucede es que ese ejecutivo sabe que cuando un operario se ausenta, la empresa dispone de alternativas a los efectos de compensar dicha ausencia, no obstante, cuando la ausencia corresponde al CEO; dado la singularidad de su función; el reemplazo resulta extremadamente difícil.

Al igual que en una operación de alta complejidad, en el quirófano actúa un conjunto de profesionales. Muchos auxiliares, algún médico haciendo experiencia, algún medico que actúa como colaborador directo y un solo experto. Estoy seguro que de ser Ud. -al igual que yo- el paciente no le gustaría saber que el cirujano en jefe, justo hoy, decidió no venir a la intervención. Ud. cree que en tal situación las chances de éxito son las mismas?

En ese puesto la rueda tiene un solo rayo. Hay decisiones, que la participación del máximo responsable resulta imprescindible y todo aquel que cumple dicha función lo sabe. La no intervención de ese hombre en el momento oportuno potencia la posibilidad del fracaso y con ello el quiebre de la empresa originando ello –como consecuencia directa- el desempleo de muchos jefes de familia.

En otras palabras podemos decir que estamos planteando una nueva visión de la pirámide estructural. Según lo dicho, aquí la base no sustenta a la alta dirección, sino, es a la inversa; la base se apoya en los pocos hombres que conforman la estructura jerárquica superior.

Probablemente esa es la razón por la cual el ejecutivo no pudo quedarse en la cama, atender a su hijo debidamente o dedicar un minuto más al relax.

Consciente o inconscientemente ese CEO sabe que la ausencia de su persona en la estructura empresaria significa el incremento del riesgo en las decisiones de mayor relevancia en la dirección de la organización.

No le resulta concebible el otorgarse un lujo o placer cuando el destino de una empresa se juega en tal acto.

El CEO está arriba para estar abajo. El CEO no es el destinatario de todo el esfuerzo y dedicación del grupo humano que compone la organización, todo lo contrario. El ejecutivo en jefe es el fiel servidor de ese grupo; él debe estar a su disposición y debe estar dispuesto a darlo todo por el ente que dirige.

Cuando un operario falta o comete un error, la magnitud de éste puede no ser significativa en el devenir empresario. Cuando la ausencia o el error es cometido por la alta dirección es casi con seguridad que se compromete ese devenir.

Cuando es el operario el responsable, es seguro que recibirá una sanción adecuada y sus efectos; en la mayoría de los casos; se circunscriben a los directamente involucrados.

Cuando es la máxima autoridad el responsable, seguro el perjuicio lo recibirá él, todo el grupo humano que compone la organización, los proveedores y el personal que compone sus respectivas organizaciones, los proveedores de los proveedores …. la actividad económica … la sociedad en su todo.

Con qué derecho el empresario puede quedarse en su casa si con dicho acto puede originar que su personal deba quedarse indefinidamente en la suya debido al cierre de la empresa?

Sí, resulta extremista y hasta apocalíptico. Pero acaso un mercado en competencia globalizada como el nuestro no nos presenta un cuadro de situación absolutamente aguerrido y volátil. Quién puede afirmar que la tranquilidad y estabilidad empresaria son los elementos base en un mercado de alta competencia?

Lamentablemente la competencia representa un estado de crisis (positiva) constante y en la tormenta el lugar del capitán de un buque es junto al timón, en el puente de mando.

En esa situación no importa si al capitán le duele la cabeza, si a su señora es a la que le duele o si es su hijo el convaleciente; la seguridad del barco, de los tripulantes y la carga exigen su presencia.

Ahora cabe plantearse el tema de la remuneración que recibe este hombre. El supuestamente magnífico sueldo, bonificaciones, y beneficios en general son generalmente altos en comparación del sueldo de un hombre de la base, por qué? Realmente son decididamente altos?

En términos generales, debo decir que, si entendemos a la función de la alta dirección como un trabajo de elevada exigencia que incluso aveces no permite el desarrollo personal si así la situación empresaria lo exige; a dicha remuneración no se la debería ver como un beneficio sino como un elemento resarcitorio.

La magnitud del ingreso se corresponde al grado de sacrificio que se demanda.

El CEO muchas veces hasta no se permite el estar enfermo (salvo algunos días a posterior del infarto). Pregúntese cuántas veces se ausentó del trabajo por alguna enfermedad y compárelo con el promedio de su planta de empleados de menor rango. No le parece raro que su índice de ausencias por enfermedad sea notablemente inferior al de su personal?

Cuánto vale el descuido de su salud. Cuánto vale la dedicación exclusiva (incluído sábados y domingos; noches y desvelos)? Cuánto vale dejar al cuidado de otro a sus seres más queridos dado que no puede dejar de atender al cliente tal, al gerente del banco o a aquel proveedor? Cuánto vale que muchos de sus familiares directos no comprendan su trabajo?

Entonces cuál es la enseñanza que debemos extraer de éste planteo teórico.

Es sencillo de explicar pero extremadamente difícil de llevar a la práctica.

En forma resumida podemos decir que todo aquel que pretenda alcanzar los puestos más encumbrados de la organización debe asumir que; llegado el caso; se le exigirá mucho más que a cualquier hombre de la empresa.

A modo de analogía señalaré lo que indicado por el Dr. Rios, cierto día un individuo se dispuso a tomar su desayuno en el hotel en que se hospedaba. El mismo además de otros productos constaba de huevos duros y jamón.

Ante ese cuadro el huésped pensó en la gallina que puso los huevos y llegó a la conclusión que ella había aportado su producto en beneficio suyo, la gallina había participado.

Luego miró las fetas de jamón y se detuvo pensando que el cerdo también había aportado su producto para su beneficio, pero a diferencia de la gallina éste había profundizado su intervención; el cerdo más que haber participado se comprometió con su desayuno dado que dejó su vida en ello.”

Básicamente esa va a ser la diferencia entre el personal y el CEO. Todos van a participar en mayor o menor medida, no obstante, la Alta Dirección se verá obligada a comprometerse con todos sus recursos en pos de la consecución de los objetivos.

Muchos alumnos me dicen que no están de acuerdo con dicha postura, que debe haber un límite, sobre todo en lo que respecta a los aspectos personales. Al respecto mi respuesta es bastante simple.

Yo les pregunto a ellos, cómo se sentirían si la empresa está pasando por una crisis (algo extremadamente común en cualquier empresa argentina); ellos dudan de la posibilidad de mantenerse en pie la fuente de trabajo (la que le da el sustento a su familia) y ven que el ejecutivo en jefe trabaja como ellos, es prolijo en cuanto al horario, los fines de semana son de él y no de la empresa, se queda dormido como cualquier persona o falta ante la menor gripe o tos.

Seguramente se sientan mal dado que les molestaría que dicho funcionario no trate de salvar a la empresa y con ello sus trabajos.

La historia del hombre es profusa en ejemplos de líderes que daban más de lo que se espera de cualquier mortal en pos de un objetivo, y en razón de ello hombres y mujeres los han seguido hasta la muerte.

Acaso nuestro San Martín se preocupó en demasía de su precaria salud a la hora de dirigir su heroica lucha, o debemos suponer que era un masoquista, que no le agradaba estar en los brazos de su señora esposa Remedios de Escalada y prefería el calor de un burro o mula cuando tiritaba al borde los precipicios en los Andes?

Resulta muy lindo el soñar ser el gran dirigente y líder empresario. Pero cuando se define querer llegar a ese puesto, se está dispuesto a pagar el costo que implica la Teoría de la Pirámide Invertida?

De no ser así, yo les recomiendo a mis alumnos y asesorados que modifiquen sus expectativas y en lo posible redefinan sus objetivos.

El riesgo es alto dado que implica una probable frustración y lo más importante, imperdonable y peligroso, sacarle el pan de la boca a muchos empleados y a sus familias dado que faltó la dirección cuando resultaba más necesaria. En el momento que más se requería la dirección no se presentó dado que se encontraba sufriendo un humano, justificado, y legítimo … dolor de estómago.

Antes de terminar quiero aclarar dos cuestiones que me parecen oportunas: la primera es que con anterioridad a mi trabajo como consultor; antes de recibir mi título; he trabajado como obrero en una fábrica textil hoy ya desaparecida y la segunda es que en mis escritos siempre considero a los empresarios y empleados en términos generales, teniendo pleno conocimiento que en ambos casos hay personas buenas y muy responsables y otras que no.